Gaviotas rusas sobrevolando el Tajo

El longevo Festival de Almada entra en la recta final de una edición por la que han pasado ya conocidos creadores internacionales como Milo Rau, Peter Stein, Israel Galván o Anne Teresa de Keersmaeker

 in La Razón 16 Julho 2026 | notícia online

Cerca de una veintena de espectáculos concebidos con lenguajes muy diferentes y procedentes de muy diversos países se habrán podido ver en el Festival de Almada cuando el próximo sábado caiga el telón de esta 43ª edición. Esta histórica cita portuguesa sigue siendo una de las más interesantes de Europa para conocer, de una manera global, es decir, sin ceñirse a una determinada disciplina, época o estilo, por dónde van hoy los tiros de las artes escénicas en nuestro viejo continente. Y eso que también aquí, en esta ciudad del distrito de Setúbal separada solo de Lisboa por el Tajo, también hay, como en todas partes, recortes presupuestarios en cultura, tal y como reconoce el director del festival, Rodrigo Francisco: “Ahora pasamos por una dificultad que no es solo nuestra, sino de muchos festivales en todos los lugares, y es que tenemos que hacer frente a un aumento considerable de los costes de producción y de logística con un presupuesto que se mantiene igual desde la pandemia. Todos sabemos cómo han aumentado los precios de los viajes, los hoteles, los transportes de escenografía… No se puede hacer frente a eso con el mismo dinero. Ya hemos transmitido nuestra preocupación a los dirigentes políticos, y parece que la alcaldesa de la ciudad se ha comprometido a mejorar la situación, porque, con los apoyos públicos que tenemos ahora mismo, no es viable mantener un festival internacional de esta envergadura”.

A pesar de todo, y a tenor de los laureados nombres de los creadores que han ido pasando por aquí, parece que la presente edición ha sido tan ambiciosa, desde el punto de vista artístico y cultural, como cualquier otra. Una edición en la que Chéjov se ha convertido, de manera no premeditada, en el gran protagonista: nada menos que cinco montajes han sido inspirados, de una forma u otra, por el autor ruso; y cuatro de ellos concretamente por ‘La gaviota’. “El hecho de que tantos dramaturgos y directores de diferentes países hayan puesto su mirada en Chéjov creo que tiene que ver con que el texto está volviendo a cobrar relevancia entre los creadores -afirma Rodrigo Francisco-. Durante algún tiempo se ha venido diciendo que la literatura ya no tenía lugar en el teatro, pero a mí eso siempre me ha parecido falso o exagerado. No creo que el teatro tenga que ser solo ‘documento’ ni que deba estar corriendo exclusivamente detrás de la realidad. El teatro intenta hablar de lo que somos, de algo tan inefable como la esencia humana, y ahí siempre habrá lugar para la literatura y la poesía”.

Entre esos espectáculos de base chejoviana, ha concitado gran atención el montaje que ha levantado el director alemán Peter Stein de ‘Platonov’, una obra de juventud del autor ruso que tiene aún rasgos del Romanticismo y que casi nunca se lleva a escena por su desmedida duración (en España se recuerda aún el contundente montaje que dirigió Gerardo Vera en 2009 a partir de una versión de Juan Mayorga). Cinco horas dio de sí esta propuesta concreta de Stein, que fue muy aplaudida y que se enmarca en una producción de la compañía Tieffe Teatro de Milán, responsable de la gestión, en esa ciudad italiana, del Teatro Menotti.

También ha tenido en el último trabajo de Milo Rau mucho que ver Chéjov. ‘La Lettre’ es un sencillo y desenfadado espectáculo de pequeño formato, para dos actores, en cuyo argumento convergen las respectivas obsesiones de dos personajes-actores: él fascinado por ‘La gaviota’ y ella por Juana de Arco. Concebida, se supone, como una reivindicación del teatro popular -vertiente en la que no estamos acostumbrados a ver al director suizo-, la obra en verdad tiene más de pobre que de popular en lo que concierne a sus valores puramente artísticos: es pobre la dramaturgia, es pobre la idea que la sostiene y es pobre la estética que la envuelve. Como espectador, tiene uno la sensación de estar viendo uno de los muchos programas de televisión que ocupan la parrilla en España cada noche, donde todo se desarrolla más bien a golpe de ocurrencia. Un poco decepcionante viniendo de un Milo Rau que lo último que trajo a este festival, hace solo tres años, fue la espléndida ‘Everywoman’.

Fuera ya del universo chejoviano, tampoco el bailaor y coreógrafo español Israel Galván ha deslumbrado artísticamente con el espectáculo que ha preparado en colaboración con el autor, director, realizador y artista plástico Mohamed El Khatib. La propuesta, titulada sencillamente ‘Israel & Mohamed’, explora la complicada relación de los dos protagonistas con sus respectivos padres. Fiel a esa corriente vacua que domina la escena en los últimos tiempos, y según la cual toda expresión artística se justifica por el siempre hecho de que esté basada en hechos reales, la propuesta es pródiga en desinhibición terapéutica, pero muy parca en baile y en sustancia teatral.

Más interesante, sin salir del terreno de la danza, fue la aproximación al cantante Jacques Brel que la coreógrafa y bailarina belga Anne Teresa de Keersmaeker planteaba a través del movimiento en ‘Brel’, una pieza programada en uno de los espacios con los que cuenta el festival en Lisboa durante estos 14 días: el imponente Centro Cultural de Belem.

No obstante, a falta de tres días para concluir la edición (el español Ángel Ruiz, muy querido aquí, llega esta noche con ‘El rey de la farándula’), lo más acertado y valioso este año ha venido, en general, de los artistas de menor nombre y boato. Así, cabe destacar, por ejemplo, al italiano Tom Corradini, que ha sabido indagar en ‘Mossolini’ con mucha ironía, desparpajo y dominio del teatro físico sobre la figura del dictador italiano, o a la propia Compañía de Teatro de Almada, que es la organizadora del festival y que en esta ocasión ha presentado un trabajo muy entretenido, imaginativo y nada fácil de acometer sobre tres piezas breves de Ionesco, maestro junto a Beckett-que también ha estado programado- del teatro del absurdo.

Todo esto en cuanto a la valoración estrictamente artística, porque, en lo que se refiere al ambiente, a la admirable y desprejuiciada forma de configurar la programación por parte del director y al interés y el respeto que muestra el público siempre por todo lo que le ofrecen, el festival cerrará, qué duda cabe, otra edición sobresaliente.

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